El agua fluye por todas partes creando paisajes de gran belleza y gracias a los muchos pozos han convertido el secano en regadío con excelentes hortalizas y tabaco en lugar de vid. (Cavanilles) La observación que hiciera Cavanilles hace 200 años continúa siendo hoy una realidad y el agua, que brota en manantiales, cae en cascada o forma lagos y pozas, es una constante en todos los pueblos de la comarca que la han sabido aprovechar como atractivo turístico. El tabaco, convertido en los populares caliqueños, ha dado también renombre a estos pueblos que siguen presumiendo de fabricar los mejores. En pleno corazón de la Comunitat Valenciana, los ocho pueblos que constituyen La Canal de Navarrés forman parte de la enorme plataforma tabular del Macizo del Caroig -al que han bautizado con el poético nombre de "el laberinto de la luna llena"- lugar desde donde parten los cursos de agua de los ríos Fraile, Grande, Cazuma y Ludey formando en su recorrido parajes de increíble belleza. El terreno calcáreo y permeable es el mejor aliado del paisaje y, por tramos, los cursos de agua desaparecen en el subsuelo para volver a aflorar -hasta que vierten en el río Escalona para finalmente morir en el Júcar- creando a su paso espectaculares desfiladeros, lagos, barrancos y cascadas que dan un especial atractivo a la zona.
Para los amantes de los deportes de aventura, la comarca ofrece un sinfín de posibilidades: descenso de barrancos, tirolina, bicicleta de montaña o, también, practicar la escalada en sus impresionantes cortados o remar en piragua en las proximidades de la presa de Escalona. Los menos arriesgados, pueden optar por la pesca, el trekking, un paseo a caballo o bien bañarse en las transparentes aguas de alguno de sus lagos o pozas. Los aficionados a la espeleología podrán disfrutar con el descubrimiento de bellas muestras del arte rupestre levantino en la Cueva de la Araña, en el abrigo del Garrofero y en el del Voro, llamado así en honor al pastor que las descubrió hace apenas treinta años.
El paisaje de La Canal de Navarrés presenta enormes contrastes entre su parte oriental -donde la vista se pierde entre los cultivos que alternan con enormes extensiones de naranjales y limoneros- y su parte occidental, abrupta y boscosa, dominada por la Muela de Cortes de Pallás y la Sierra de Enguera que desde las estribaciones del Caroig se extiende hasta las poblaciones de Enguera y Anna.
La Muela de Cortes es una reserva nacional de caza que abarca una extensión superior a las 30.000 hectáreas, de grandes moles calcáreas y, pese a no tener altas cumbres, de una compleja y variada orografía. En el paisaje se alternan espinares con matorral alto y pinares y en los barrancos se distinguen bosques de carrascas, pino carrasco, fresno en flor y lianas que hacen imposible su tránsito. En las paredes rocosa se pueden observar algunos endemismos como la cola de gato lanosa.
La fauna de la Muela de Cortes, como el paisaje, es rica y variada y constituye un enorme aliciente para adentrarse en ella. Las aves rapaces sobrevuelan cortadas y barrancos y es fácil observar el vuelo del águila calzada, la perdicera, la real y la culebrera así como el alcotán, el gavilán y, en menor número, el azor. Entre los mamíferos, el jabalí, el conejo, el zorro, el erizo común, el tejón, la gineta, el gato montés, el muflón y, el más emblemático, la cabra montés o ibérica, constituyen todo un reto para los amantes de la fotografía.
La Sierra de Enguera cierra la comarca por el lado sudoeste y la protege de los duros vientos de poniente. Aquí la vegetación da al paisaje un aire más mediterráneo y el pino carrasco, la coscoja y la jara se alternan con los matorrales. En las zonas más umbrías aparecen las carrascas en forma de arbusto junto al fresno en flor y el tomillo que endulzan y perfuman el aire.
Las fiestas se suceden a lo largo de todo el año y cada pueblo festeja a sus patronos con procesiones, verbenas y fuegos artificiales. Merecen especial atención los desfiles de moros y cristianos en Bicorp y sobre todo en Anna, donde también resulta interesante asistir a las fiestas de San Antón -con hogueras y la cabalgata del Abanderado- o a la fiesta de las Eras; en Millares, en agosto se celebra el día del calderiquio y en Quesa, el 14 de febrero, la fiesta de La Reserva recuerda a la población la epidemia que en 1690 asoló el pueblo y en donde sólo sobrevivió una familia que daba cobijo a cuantos llegaban al pueblo. Como recuerdo se siguen haciendo calderos para todos los que acuden ese día.
La gastronomía de la zona es también rica y variada y, sin duda, un atractivo adicional para cuantos se acerquen a conocer estos pueblos. El arroz al horno, la paella y el arroz con hierbas se combinan con guisos más fuertes como la olla con pelotas, el mojete arriero y el gazpacho manchego -torta ácima con pollo y conejo- o también con los exquisitos rebollones, las setas de monte conocidas popularmente como pebrazos y unas sabrosas tortas de pimiento y tomate, de tocino o de sal.
Entre la repostería, coscorrones, tortas cristina, rollets d´aiguardent, tortas de anís o de pasas y nueces, turrón de rosas, brazo de gitano pastisos de boniato y roñosas (almendras garrapiñadas). Y sobre todo miel que aquí se puede encontrar durante todo el año con aroma de romero, de azahar, de cantueso, de espliego y de girasol.
El recorrido, de sur a norte por La Canal, comienza en Enguera. Situada sobre un cerro que domina la villa, el visitante disfrutará callejeando y descubriendo su sobria arquitectura -en especial las casas conocidas como heredades, con planta baja, piso y corral- o podrá visitar los restos de un castillo de la época musulmana -del que aún se aprecia parte del trazado de su muralla y algunas torres de defensa-, el Convento de los Carmelitas o la Iglesia de San Miguel Arcángel con pinturas de Garnelo y Segrelles y un interesante retablo anónimo que llaman del Maestro de Enguera.
Tras el paseo por la ciudad se puede recorrer la sierra de su nombre, ir en dirección a Navalón y perderse por alguna de las muchas pistas que discurre entre profundos barrancos como el de la Hoz o visitar los caseríos de Benalí y La Burrera y el poblado ibero de Lucena. El paisaje alterna el brezo, el romero y la jara blanquecina con el jazmín silvestre que crece junto a los arroyos y la adelfa que pinta de color barrancos y cauces.
Entre dos cerros, en el valle que forma el río Sellent, se encuentra Anna. En Anna como apuntó Cavanilles, el agua fluye por todas partes pues atraviesa el pueblo un complejo entramado de canales que forman embalses, lavaderos y cascadas que dan a la ciudad un aire especial. Una visita obligada es La Albufera, una laguna en cuyo interior brotan manantiales de agua cristalina y rodeada de sauces y chopos que proporcionan al visitante una refrescante sombra. También resulta interesante un paseo por la Alameda para ver su lavadero cercado por plataneros o la calle Mayor, visitar la iglesia de la Inmaculada, el Palacio de los Condes de Cervellón -levantado sobre el antiguo castillo árabe- o ascender por el barrio de las Eras hasta la Ermita del Cristo de la Providencia.
Antes de partir, se recomienda una visita al Gorgo del Catalán, pequeño embalse de agua que nace en la Fuente Negra, al Gorgo de la Escalera, al Azud -una pequeña laguna rodeada de frondosa vegetación-, o a la fuente de Marzo, nacimiento de agua que forma pequeños embalses en su recorrido.
Entre un paisaje de campos de tabaco, naranjos y hortalizas se llega a Chella. Tras recorrer sus calles y visitar la Iglesia de la Virgen de Gracia, el Convento, la Ermita de San Nicolás y la biblioteca -que guarda interesantes restos arqueológicos hallados en la zona- se recomienda un paseo por sus alrededores comenzando por el Mirador, desde donde se observa una interesante panorámica de la comarca, El Salto y la Cueva de la Lluvia, las Cuevas del Turco y el Barranco del Lobo. El agua aquí vuelve a ser la protagonista y antes de continuar viaje se deben ver las fuentes del Abrullador, la de los Chopos, la de Clochicas o la del Abogao.
En Bolbaite donde nace el río Sellent (o Bolbaite) que parte la población en dos, su origen árabe está patente en un barrio de calles estrechas y empinadas.
El cerro de la Ermita de Santa Bárbara es una excelente atalaya para divisar la comarca pero también son interesantes otros lugares como la Cañada Alcaire, el puente de piedra sobre el Sellent y su lago natural, los lagos del Corral del Brú y, finalmente, el Gorgo de la Cadena y su espectacular cueva sumergida.
De origen árabe como lo atestigua el trazado de su casco antiguo, Navarrés aparece en las faldas de un montículo que corona una ermita en honor al Cristo de la Salud. Tras visitar la iglesia de la Asunción y su Museo Parroquial de Arte Sacro, el castillo,las ruinas de una fortaleza que se alza sobre un cerro y un silo de origen árabe conocido como La Tinaja, la mejor opción es conocer sus alrededores. El recorrido, sorprenderá al viajero con parajes de gran belleza como la Ceja del Río Grande, el barranco del Barcal, la Sima de Tous, las fuentes del Pino y la Carrasqueta, la presa del río Escalona, el Pozo de las Quebradas -de propiedades curativas- o la zona de Playamonte y Las Fuentes, un lago artificial rodeado de arena que ha convertido el lugar en zona residencial para vacaciones.
Para amantes de la arqueología las pinturas rupestres del Abrigo del Garrofero, los grabados, -también rupestres-de la Cueva del Barbero o Las Carasetas -diez figuraciones de caras en blanco y rojo-serán todo un descubrimiento.
Desde Navarrés, y a medida que se avanza hacia el nordeste, el paisaje es cada vez más boscoso y quebrado, erosionado en surcos y cárcavas y con multitud de cuevas. Si el viajero dispone de tiempo y se orienta adecuadamente, se recomienda el recorrido -a pie, en bicicleta de montaña o en todo terreno- por las pistas que discurren entre los barrancos de los ríos Fraile y Grande. La aventura se verá recompensada con la visión de parajes de increíble belleza por los que transitan el jabalí, la cabra hispana, el muflón, el tejón o el gato montés mientras sobrevuelan el cielo majestuosas águilas y las perdices saltan entre los matorrales.
Quesa presenta su más bella imagen en la zona conocida como Los Charcos, un área recreativa en la que se suceden cascadas y pozas y en que queda patente la erosión de las aguas en el barranco.
Y también en el Abrigo del Voro, que tiene en sus escenas de arqueros una excelente muestra del rupestre levantino. Hacia el norte por un paisaje cubierto de espliego, romero torbisco, cornicabra, lentisco, adelfa y fresno se llega a Bicorp, pequeño y recoleto pueblo situado en lo alto de un cerro y cercado por otros de mayor altura entre los que discurren los ríos Ludey, Cazuma y Fraile formando profundas gargantas, barrancos y muelas. Aquí la mejor opción es escalar el pico del Caroig, llegar hasta los nacimientos de los ríos Fraile y Cazuma y el Azud de los moros y visitar las pinturas rupestres del Barranco Moreno y, sobre todo, las de la Cueva de la Araña declarada Patrimonio de la Humanidad y cuyas escenas de recolección de miel dan fe de la tradición apicultora de la zona.
Más al norte, en el límite con la comarca de la Hoya de Buñol, Millares aparece suspendida entre montañas y colgada espectacularmente sobre el cañón del Júcar. Su término está incluido en la Reserva Nacional de la Muela de Cortes y ofrece bellos parajes que merecen visitar como el barranco del Júcar, la Cueva de las Palomas y la Cueva de les Dones (que debería llamarse de los dones ya que se refiere a las donaciones que en ella se hacían) explorada por Cavanilles y tema de un artículo publicado en los Anales de la Historia Natural. También, por su valor histórico, es interesante visita el Llano de las Contiendas -donde según la leyenda discurrió la última batalla en la Reconquista de Valencia-y el Barranco de la Sepultura, lugar en el que se enterraron los cuerpos de los moros muertos en la batalla.
El macizo del Caroig es un singular paisaje donde se engarzan los dos principales sistemas montañosos del territorio valenciano: el ibérico al norte y el bético, al sur. Sus materiales calizos forman una vasta plataforma por encima de los 400 m, culminada en los 1.126 m del Caroig. La parte oriental del macizo desciende hasta una serie de valles y depresiones (en torno a los 200-300 m de altitud) en los que se ubican los núcleos de población de la Canal de Navarrés. Por fin, un nuevo escalón topográfico conecta con las tierras bajas de la Ribera.
Las tierras de la Canal son pues una buena síntesis de la diversidad del mundo mediterráneo. En las hondonadas se cultivan cítricos, frutales, tabaco, etc. En las alturas occidentales, solitarios paisajes de sierras y muelas cubiertos de bosques, algunos campos abandonados, el vuelo majestuoso de las rapaces. Por el norte y el noreste el impresionante cañón del Júcar sirve de límite a la comarca. Hacia él fluyen los ríos Cazuma, Fraile, Ludey, Grande, Bolbaite o Mingues; a lo largo de los cuáles se encuentran algunos de los más interesantes parajes.
La diversidad y calidad de los paisajes de la Canal de Navarrés les hace merecedores de una contemplación pausada, que permita disfrutar de la naturaleza y del delicado trabajo de remodelación ejercido por generaciones de habitantes. En suma, toda una invitación a dejar el automóvil y recorrer esta comarca rural al sosegado paso del excursionista, sobre una caballería o en el sillín de la bicicleta.
La Canal de Navarrés ofrece magníficas condiciones para la práctica del excursionismo, que han sido aprovechadas por los itinerarios balizados: Senderos de Gran y Pequeño Recorrido; Senderos Locales. Recuperan los tradicionales caminos y sendas rurales, señalizándolos con pinturas y balizas para facilitar su seguimiento. Pueden ser recorridos por cualquier persona en adecuada forma física y con un mínimo hábito de caminar por la montaña. No olvide que el mantenimiento de estos parajes es responsabilidad de todos. No encienda fuego y lleve consigo los deshechos hasta una localidad donde pueda depositarlos en un lugar adecuado. Respete los cultivos y las construcciones rurales, así como la vegetación y fauna naturales.
El Sendero de Gran Recorrido GR-7 (señalizado con marcas blancas y rojas) recorre la parte occidental de los términos de Bicorp, Quesa y Enguera por la elevada parte central del macizo del Caroig.
El Sendero de Pequeño Recorrido PRV-113 (señalizado con marcas blancas y amarillas) une Anna, Chella y el paraje del Abrullador. En Enguera se han trazado algunos Senderos Locales (señalizados con marcas blancas y verdes) cercanos al GR-7 y al propio casco urbano. Además de estas propuestas, los paisajes de la Canal de Navarrés ofrecen una amplia posibilidad de itinerarios que permite realizar desde simples paseos hasta largas excursiones.
La Canal de Navarrés ofrece interesantes posibilidades al excursionismo en bicicleta: sus carreteras registran escaso tránsito y las distancias entre los pueblos no son grandes. La relativa cercanía de algunas estaciones de ferrocarril (Xàtiva, l'Alcúdia de Crespins y otras de la Ribera) y de la línea 1 del ferrocarril de vía estrecha-metro de la Generalitat Valenciana (Villanueva de Castellón) permite acceder con la bicicleta y realizar itinerarios con origen y destino en estaciones. Algunas pistas asfaltadas permiten también adentrarse en el corazón del macizo del Caroig.
Quienes prefieran la bicicleta de montaña disponen de una amplia red de pistas en las que trazar su propio recorrido. El libro de J.M. Almerich, El Macizo del Caroig (Valencia, Centre Excursionista de València, 1998) les proporcionará sugerencias e información técnica.
El visitante interesado en el excursionismo puede consultar el libro de R. Cebrián: Montañas Valencianas vol. II (Valencia, 1983). Dado el tiempo transcurrido desde su publicación, debe advertirse que algunos itinerarios pueden haber sufrido modificaciones debido a la apertura de pistas, ocultación de caminos por la maleza o la degradación de los paisajes por incendios forestales.
Es recomendable la consulta de mapas para la realización de actividades deportivas y recreativas de aire libre, así como para complementar la información escrita. La Canal de Navarrés está incluido en las siguientes hojas del mapa a escala 1/50.000: Llombai 28-29 (746), Navarrés 28-30 (769) y Canals 28-31 (794).
El acceso a la Canal de Navarrés puede efectuarse desde la autovía Valencia-Albacete (N-340 y N-430) por las siguientes carreteras:- CV-590 que conduce a Enguera.- CV-560 desde Alcàntara de Xúquer hasta Navarrés.- CV-580 desde Dos Aguas; esta carretera recorre de norte a sur la Canal de Navarrés y conecta con la CV-590.
Hay líneas regulares de autobús desde Valencia hacia las poblaciones de la Canal de Navarrés. La línea ferroviaria Valencia-Alacant y Valencia-Albacete-Madrid cuenta con estaciones en Xàtiva y l'Alcúdia de Crepins, cerca de la parte meridional de la comarca. En ellas efectúan parada los trenes de cercanías de la línea C-5 y algunos de largo recorrido. La línea 1 del ferrocarril de vía estrecha-metro de la Generalitat Valenciana llega hasta Villanueva de Castellón, desde donde puede accederse a Navarrés siguiendo la carretera CV-560.