LA HOYA DE BUÑOL

NATURALEZA

"Crecen en abundancia pinos, madroños, arces y un número prodigioso de arbustos y yerbas que, no pocas veces, tapizan enteramente el suelo(...). Hay muchas fuentes y sus aguas son excelentes y copiosas. Por todas partes se respira aire puro, frío en las alturas y templado en las hoyas" (Cavanilles).

Las fuentes y las excelentes aguas a que alude Cavanilles en sus observaciones continúan siendo hoy el principal atractivo de esta comarca por cuyo término discurren los ríos Magro, Juanes, Buñol, Mijares y Júcar. Serpenteando entre cañones, deslizándose hasta formar profundos surcos, brotando en manantiales o cayendo en espectacular cascada, el agua forma parte de la imagen cotidiana de la Hoya de Buñol y sus fuentes constituyen algunos de sus más bellos parajes.

Otro de los atractivos de la comarca es su variado paisaje. Por el este el terreno es suave y ondulado y las tierras ocres, doradas y rojizas, alternan con huertas y cerros salpicados de viñedos. A medida que se avanza hacia el oeste, el suelo se hace más quebrado, se suceden cumbres cada vez más altas y el paisaje se torna verde. Junto al pino carrasco, las laderas se cubren y perfuman con matas de tomillo, romero, pebrella y aliaga y, en los recodos de los barrancos, abunda el madroño y el fresno en flor. En los lugares más umbríos, encajonados entre paredes rocosas, crecen algunos tejos, encinas y arces y, por todas partes, junto a los ríos, se han replantado chopos, sauces y adelfas.

Sobrevuelan los montes el águila culebrera, el gavilán y el ratonero y, en menor número, el águila real, la perdicera y la calzada. Abundan los cuervos, urracas y cornejas y mamíferos como el erizo común, el gato montés, el jabalí, el tejón, el zorro, la gineta o la garduña y, en los lugares abiertos, el altivo ciervo ofrece su mejor estampa.

El recorrido por la Hoya de Buñol sorprende gratamente al viajero. Los amantes de la naturaleza disfrutarán adentrándose en los frondosos pinares de la umbría del pico Nevera, en la sierra de Malacara o recorriendo el valle de la Vallesa y las sierras Santa María, los Bosques, el Caballón o las Cabrillas; los aficionados a la arqueología descubrirán importantes yacimientos y restos de construcciones de poblados ibéricos y romanos; y los más aventureros pueden ascender al cerro del Asno o al pico del Ave, deslizarse a través de la corriente del río Juanes o trepar por los roquedos. Para todos, descansar junto a las frescas aguas de la cascada del Turche o alguna de sus innumerables fuentes o pescar en el embalse de Forata son una excelente alternativa.

La comarca ofrece un atractivo adicional para científicos e investigadores. Aquí se han encontrado restos de especies únicas como calicotéridos (una mezcla entre caballo y gorila), rinocerontes gigantes, osos, lobos y elefantes que han sorprendido a la comunidad científica internacional. Y es que Buñol fue una inmensa sabana -como las existentes en el continente africano- y hoy constituye uno de los yacimientos más importantes de Europa por ser el más antiguo y más meridional con fauna de mamíferos del Mioceno.

BUÑOL

En un valle a orillas del río de su nombre, rodeada de colinas, fuentes y manantiales y en medio de un paisaje donde fresnos y arces alternan con el lentisco y la madreselva, Buñol ofrece una imagen de ciudad robusta que, colgada en la ladera del monte del castillo, ha sabido integrar en armonía su núcleo histórico con los barrios modernos. Para conocer sus orígenes, el recorrido debe comenzar en el castillo fortaleza, cuya silueta se recorta en la parte más alta de la villa y en la que destaca su torre del homenaje, con 30 metros de altura. De origen romano y posteriormente ampliado por los árabes, en su elegante salón gótico se ofrecen conciertos de música de cámara. En el lugar que ocupó la antigua mezquita hoy se halla un interesante Museo Arqueológico y, junto a las murallas, un curioso Museo de Escultura al aire libre.

Un paseo por el casco antiguo permitirá al visitante descubrir casonas de noble arquitectura, interesantes calles como la de la Sartén o la iglesia de San Pedro Apóstol de la que destacan su cúpula de azulejo y su sobrio campanario. Ya en las afueras, la ermita de San Luis Beltrán, junto a la fuente -manantial del mismo nombre -al que según la tradición popular, el santo dió vida eterna- es un precioso marco en el que se ha construido un gran auditorio al aire libre y en el que las dos bandas de música -la Armónica y la Artística- rivalizan por ofrecer el mejor concierto. En Buñol el agua está por todas partes. Hay más de trescientas fuentes en el casco urbano y, en los alrededores, fuentes, manantiales, arroyos y cascadas salpican todo el término y forman preciosos parajes que el viajero debe visitar antes de continuar el viaje: la cascada del Turche, la cueva de las Maravillas, las fuentes de la Jara y el Ronquillo o el paraje del río Juanes.

HOYA DE BUÑOL

Iniciamos el recorrido en Cheste, lugar muy apreciado por los arqueólogos desde que en 1864 se halló, en la partida de Zafa, un importante conjunto de joyas y monedas de oro y plata, de época ibérica, conocido como el tesoro de Cheste. Además de probar sus vinos, se debe visitar la ermita de San Vicente Ferrer, en la plaza del Calvario, la iglesia de San Lucas, con su esbelto campanario barroco, y callejear por el casco antiguo cuyo trazado moruno recuerda su origen musulmán. No hemos de olvidar en nuestra visita que en Cheste se encuentra el Circuit de Velocitat de la Comunitat Valenciana Ricardo Tormo, y aprovechar -si coincide- para disfrutar de una emocionante prueba o competición.

Hacia Chiva, el paisaje es ondulado y las cepas se suceden entre tierras ocres y rojizas. Edificada en la raíz de un cerro en cuya cumbre se conservan las ruinas de un castillo, la villa merece un alto para visitar la iglesia parroquial -con frescos de Vergara- y la blanca y cuidada ermita de la Virgen del Castillo. El término es montañoso y drenado por barrancos que, junto a las numerosas fuentes, refrescan y forman pequeños oasis de sombra muy apreciados por propios y visitantes. Las sierras de la zona ponen la nota verde a un paisaje en el que las modernas urbanizaciones son la imagen dominante de la zona.

Desde Chiva o Cheste se pueden realizar excursiones a los bellos parajes que forman el barranco de la Hoz, el de la Marjana y la fuente de la Alhóndiga o atreverse con los 18 hoyos del excelente campo de golf El Bosque. El camino a Godelleta discurre entre enormes viñedos, huertas y árboles frutales. Es un llano que se eleva hacia el oeste y por el noreste le alcanzan las estribaciones de la sierra Perenchiza con su vegetación de pino y monte bajo. El pueblo brinda al visitante un casco antiguo de calles sinuosas y retorcidas en cuyo centro se conserva una torre medieval de cimentación árabe, recuerdo de la primitiva Godaila. Antes de continuar viaje, es obligado probar su excelente mistela y una visita a alguna de las fuentes que salpican el término: Calicanto, Murtal, Carrasca, Fuentecica o Rulla.

Hacia el sur, Alborache muestra un paisaje quebrado por barrancos y torrentes y, por un camino que discurre entre moreras, olivos y algarrobos se llega a Macastre. El pueblo extiende sus casas en un llano a los pies del cerro de un castillo que, como el de Buñol, tuvo un importante valor estratégico por su situación de frontera entre los reinos de Castilla y Valencia. El viajero debe hacer un alto para comprar deliciosas pastas y bollos en los varios hornos de esta población, probar el agua fresca de la fuente de la plaza y visitar su pequeña y cuidada iglesia. Ya en las afueras, la fuente Grande, la de Bolot y Santa Bárbara ofrecen sombra y un pintoresco paraje para el descanso.

En dirección a Yátova, el horizonte es una sucesión de cerros y cumbres que van aumentando en altura a medida que se aproximan a la sierra del Caballón y, en medio de ellos, destaca majestuoso el Montrotón. El paisaje está salpicado de fuentes y bosques en los que abundan el conejo, la perdiz y el jabalí; los lechos de los ríos se pintan del color de las adelfas y, por todas partes, el suelo se tapiza con romero y aliaga que perfuman el ambiente. Desde Yátova o Macastre se pueden realizar excursiones al valle que forma el río Magro entre las sierras de Malacara y Martés, ascender al cerro del Asno o al pico Pardenilla o acercarse al embalse de Forata y probar suerte con la caña o recorrerlo en una piragua.

Traspasando la sierra del Ave, Dos Aguas aparece como dibujado en el cielo. Perdido entre sierras, es como un pequeño paraíso en medio de grandes extensiones de montes que, poco a poco, han ido recuperando su cubierta vegetal. Numerosas fuentes dan frescura y vida al paisaje y el río Júcar, que le sirve de límite comarcal, discurre sinuoso y encajonado creando parajes de singular belleza. Como alternativa, se puede tratar de alcanzar el Pico del Ave o el Carcamal con la garantía de que el esfuerzo se verá recompensado con las excelentes vistas que ofrecen desde la cumbre.

En el extremo más occidental de la comarca (al otro lado de la sierra Malacara),Siete Aguas es el escalón montañoso que divide los piedemontes valencianos del altiplano de Requena y está escondido en medio de un terreno quebrado por desfiladeros, barrancos y gargantas. La zona que Cavanilles describió como refugio de maleantes y asaltadores se ha convertido hoy en tranquilo lugar de veraneo, un bello paraje cerrado por las sierras de Santa María, el Tejo y Malacara -con alturas que sobrepasan los mil metros- y por el que discurre el arroyo de Siete Aguas formando un estrecho y profundo valle. Las zonas de pinares se localizan en las umbrías del Pico Nevera y las sierras de Malacara y Cabrillas y el resto se cubre de matorrales y monte bajo.

Pueblo cargado de leyendas, una cuenta que Doña Jimena se alojo en él cuando volvía a Castilla con el cadáver del Cid y otra, más romántica, que Alfonso V visitaba a la mujer de uno de sus lacayos y, para ello, tenía que cruzar siete acequias y de ahí el nombre de la villa. Lo cierto es que haciendo gala de su nombre, cuenta con numerosas fuentes. La de los Siete Caños, con un gran mosaico de azulejos, es muy codiciada por sus propiedades curativas y, como en ella está escrito, "es manantial de riqueza y da salud a los enfermos".

Tras probar sus aguas la mejor opción es explorar sus alrededores: descubrir las fuentes de la Roca, el Garbanzo, la Gota y la Recija (donde nace el río Buñol) o acercarse al despoblado caserío de la Vallesa y adentrarse en el valle de su nombre, entre las sierras de Santa María y los Bosques, un precioso paraje por el que se puede llegar al embalse de Buseo, en el límite de la comarca, y disfrutar con las actividades náuticas.

GASTRONOMÍA Y FIESTAS

Junto a sus valores naturales, ofrece su alternativa más lúdica a través de sus fiestas que se concentran principalmente en los meses de verano. Todos los pueblos festejan a sus patronos y los ritos religiosos se mezclan con bailes, vaquillas y conciertos al aire libre. En Chiva se corre al "torico" a lo largo de tres días mientras se bailan las "torras" al son de tabalet y dolçaina y en Buñol, ánimas y plañideras portando farolillos y candiles acompañan el entierro de la sardina.

Entre todas, la Tomatina de Buñol destaca por su vistosidad. Lo que comenzó de forma casual en el año 1945 se ha convertido en una impresionante batalla de tomates que cada año atrae a miles de turistas durante la última quincena del mes de agosto.

La gastronomía combina las verduras de la huerta con platos recios y consistentes extraídos de antiguas recetas como el mojete, la olla podrida, el cochinillo de la Hoya, los chorizos del demonio, el pisto, el morteruelo y el "rinran" (bacalao cocido con ajos y patatas y aliñado con aceite crudo), todo regado con excelentes vinos de la zona. De postre, deliciosa uva de la tierra -negra tempranera, roseti o moscatel- sandía y melón de Godelleta o frutos secos de Chiva acompañados de una mistela o licor de moscatel, rosquillas de anís y almendrados.

ITINERARIOS

La Hoya de Buñol marca el ascenso desde las tierras litorales valencianas hacia la meseta castellana. La parte este -Godelleta, Cheste, Chiva- es una suave rampa vitícola que enlaza con las comarcas vecinas de l'Horta, la Ribera Alta o el Camp de Túria. Al llegar a Buñol un brusco escalón topográfico corta el paso. Antaño constituía el primer obstáculo en el camino a Castilla; hoy la carretera salva con audaces viaductos el desnivel y en pocos minutos se asciende hasta los 500 m de altitud. El paisaje se vuelve más montañoso, pero los valles y las hondonadas siguen atesorando las vides, cuya coloración otoñal otorga a la comarca un melancólico cromatismo.

Las sierras ofrecen, por su relativa cercanía al litoral, amplias panorámicas que hay que ganar por caminos y sendas. Por su parte, los cursos fluviales conforman una red de gran valor paisajístico: el embalse de Forata; las riberas de los ríos Magro y Mijares; las singularidades geomorfológicas del río Buñol o barranco de Carcalín; al sur, el Júcar poderosamente encajado marca el límite de la comarca.

La zona combina los parajes industriales de Buñol con otros paisajes de marcado carácter rural. Su diversidad y calidad les hace merecedores de una contemplación pausada que permita disfrutar de la naturaleza y del intenso trabajo de remodelación ejercido por generaciones de habitantes. En suma, toda una invitación a dejar el automóvil y recorrer esta comarca al sosegado paso del excursionista, sobre una caballería o en el sillín de la bicicleta.

La Hoya de Buñol ofrece buenas condiciones para la práctica del excursionismo, que han sido aprovechadas por los llamados Senderos de Gran y Pequeño Recorrido. Estos itinerarios recuperan los tradicionales caminos y sendas rurales señalizándolos con pinturas y balizas para facilitar su utilización. Pueden ser recorridos por cualquier persona en adecuada forma física y con un mínimo hábito de caminar por la montaña. No olvide que el mantenimiento de estos parajes es responsabilidad de todos. No encienda fuego y lleve consigo los deshechos hasta una localidad donde pueda depositarlos en un lugar adecuado. Respete los cultivos y las construcciones rurales, así como la vegetación y fauna naturales.

RED DE SENDEREOS DE GRAN Y PEQUEÑO RECORRIDO

El Sendero de Gran Recorrido GR-7 (señalizado con marcas blancas y rojas) recorre de norte a sur la parte occidental de la comarca enlazando los interesantes parajes del pico Tejo, las Moratillas, sierra de Martés y Venta Gaeta. El sector más septentrional (hasta el Rebollar) se halla descrito en la topo-guía Arteas de Arriba-Rebollar (València, Centre Excursionista de València, 1986). El Sendero de Pequeño Recorrido PRV-115 (señalizado con marcas blancas y amarillas) une Yátova, el embalse de Forata y el GR-7. Además de estas propuestas, la Hoya de Buñol ofrece una amplia posibilidad de descubierta personal de los paisajes, desde simples paseos hasta largas excursiones.

ESCALADA

A lo largo del río Buñol o barranco de Carcalín, los escaladores valencianos han aprovechado diversas zonas de cantiles calizos para trazar itinerarios de escalada. En el barranco de Maneri, afluente del río Buñol situado junto a la Venta de l'Home, se halla la Aguja Roja. En el curso del río Buñol se encuentran otras tres pequeñas escuelas de escalada, conocidas entre los aficionados como la Silla del Papa, Nido de Águilas y Pared AALOS. Se trata de vías abiertas en la década de los setenta y cuyo equipamiento es dudoso en la mayoría de los casos; las alturas de los itinerarios oscilan entre 50 y 75 m. Puede consultarse una descripción de los accesos y de cada vía en R. Cebrián: Montañas Valencianas vol. II (Valencia, 1983).

PARA LOS AMANTES DE LA BICICLETA

Las carreteras de la Hoya de Buñol ofrecen interesantes posibilidades al aficionado a la bicicleta. Acercarse a Dos Aguas y admirar el profundo cañón del río Júcar es una de ellas. El circuito en torno a la Sierra de Martés comienza en Macastre o Yátova siguiendo la carretera CV-429 hasta La Portera (Requena); desde allí se sigue la N-330 hasta Los Pedrones, donde se toma la CV-425 que rodea por el sur la sierra y cierra el circuito. La estratégica ubicación de la Hoya de Buñol permite diseñar recorridos que se adentran en las vecinas comarcas de la Canal de Navarrés o la Plana de Requena-Utiel, teniendo como punto de origen y destino estaciones de ferrocarril. Quienes prefieran la bicicleta de montaña disponen de una amplia red de pistas en las que trazar su propio recorrido. Pueden acceder a la sierra de Malacara (hasta la misma cumbre del Nevera, de 1.118 m, asciende una pista); sierra de Martés; desde Siete Aguas buscar los rincones del Tejo (1.250 m); o desde Chiva ganar las alturas de la sierra de los Bosques que proporcionan excelentes vistas sobre la llanura litoral.

PUBLICACIONES Y CARTOGRAFÍA

El visitante interesado en el excursionismo puede consultar dos obras de R. Cebrián: Montañas Valencianas vol. II (Valencia, 1983) y Montañas Valencianas vol. III (Valencia, Centre Excursionista de València, 1986). Dado el tiempo transcurrido desde su publicación, debe advertirse que algunos itinerarios pueden haber sufrido modificaciones debido a la apertura de pistas, ocultación de caminos por la maleza o la degradación de los paisajes por incendios forestales. Es recomendable la consulta de mapas para la realización de actividades deportivas y recreativas de aire libre, así como para complementar la información escrita. La Hoya de Buñol está incluida en las siguientes hojas del mapa a escala 1/50.000: Chulilla 27-27 (694), Llíria 28-27 (695), Requena 27-28 (720), Cheste 28-28 (721, Jalance 27-29 (745) y Llombai 28-29 (746).

DATOS DE INTERÉS

La Hoya de Buñol tiene como vía central de comunicación la autovía Valencia-Madrid (A-3), junto a la que se alinean Cheste, Chiva, Buñol y Siete Aguas.

La carretera CV-425 es el principal eje articulador del resto de la comarca. Si se accede desde el sur, el acceso más conveniente es por Turís, siguiendo las carreteras CV-50 y CV-415.

Hay líneas regulares de autobús desde Valencia hacia las poblaciones de la Hoya de Buñol. La línea de ferrocarril Valencia-Cuenca-Madrid tiene paradas en Cheste, Chiva, Buñol y Siete Aguas.

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