El Castillet

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A pesar del diminutivo con que se le nombra, el Castillet se alza altivo y omnipresente sobre la huerta de Millares. Desde una roca descarnada, la fortaleza atalaya los bancales de un tímido desarrollo agrícola hacia occidente y el río Júcar hacia oriente.
El Castillet conserva íntegro el recorrido de la muralla, pero el paso del tiempo ha dañado partes importantes del lienzo. El abandono y el derrumbe han sepultado bajo la tierra la zona de antemuralla o los restos de las estructuras internas como graneros o habitaciones que los trabajos arqueológicos van sacando a la luz. De las excavaciones se han recuperado piezas de cerámica de cocina que dibujan una imagen estable de la vida en el Castillet, un hábitat permanente para la guarnición que guardaba la plaza. Pero también se han recuperado restos de cerámica de mesa que fechan una ocupación entre finales del siglo XII y principios del XIII que coinciden con el último período de dominio islámico en el Sharq Al-Alandalús antes de la conquista cristiana de Jaime I.

Y es en este contexto de frontera en el que el Castillet viene a sumarse a la larga lista de castillos que jalonan el río Júcar en su tramo medio y que lo convierten en una de las zonas con mayor densidad de fortalezas islámicas del este peninsular. Millares es el mejor ejemplo de dicha densidad, pues concentra en poco más de 2 kilómetros 3 fortalezas islámicas: el Corraliquio l’Antón, el castillo integrado en el entramado urbano del pueblo y el Castillet que es sin duda el mejor conservado.