La villa áulica de época visigoda del Pla de Nadal, ubicada en Riba-roja de Túria, constituye un ejemplo prácticamente único en las tierras valencianas de conjunto arquitectónico residencial, paradigmático del estamento nobiliario de la Antigüedad tardía. La transformación del entorno en campos de naranjos, que originó su descubrimiento, ha modificado la topografía del lugar, afectando incluso a parte de las estructuras que ya habían sido destruidas cuando se produjo el hallazgo. Las primeras informaciones llegadas al Servicio de Investigación Prehistórica de la Diputación de Valencia datan de 1971. Los trabajos de excavación arqueológica se desarrollaron sistemáticamente entre 1981 y 1989. Tras varios proyectos de consolidación, en 1999 se iniciaron las obras de restauración y puesta en valor del yacimiento, finalizadas en 2003 con su musealización para la visita y aprovechamiento didáctico. El Real Decreto de 25 de enero de 1991 declaró el conjunto arqueológico del Pla de Nadal Bien de Interés Cultural. Este excepcional recinto de fachada torreada y pórticos perimetrales, al modo de las villae renanas con torres avanzadas típicas de la Germania romana, debió estar dotado al menos de dos plantas que alcanzarían los doce metros de altura; una superior, aula dominical, donde estarían instalados los numerosos frisos y elementos escultóricos tallados a bisel, que constituyen la singularidad más específica de este yacimiento, y una planta baja rústica (la conservada i visitable) destinada al almacenamiento de grano, vino o aceite en grandes doliae. Los restos arquitectónicos conservados configuran una trama espacial orientada hacia los puntos cardinales, con una notable simetría de los espacios respecto de un plano norte-sur, señalados por los vanos de las puertas que se abren, centrados, en los dos muros laterales del mayor ámbito preservado. El cuerpo principal está formado por una nave central rectangular de 17 m. de longitud por 5,30 m. de anchura, orientada según un eje este-oeste y delimitado, en sus lados mayores, por sendos muros de mampostería. En estos muros pueden observarse restos de ventanas, tres a cada lado de las puertas mencionadas. Los flancos menores se abrían a sendos atrios o vestíbulos cuadrangulares accesibles a través de tres arcos de herradura sobre impostas bajas, de extraordinario interés para la historia de la arquitectura. Este conjunto residencial fue proyectado y construido con materiales locales por artesanos hispanorromanos cristianizados para un significado personaje de la sociedad hispanovisigoda, como sede emblemática, en la segunda mitad del siglo VII de nuestra era, de acuerdo con cánones arquitectónicos clásicos de tradición vitruviana, modificados por los procesos de descomposición de la cadena productiva edilicia romana, lo que se plasma en la reutilización de materiales arquitectónicos romanos (impostas, fustes, capiteles, sillares…) expoliados en algunos casos de la antigua Edeta, y en el uso abundante de la madera en sus característicos muros de mampostería. El estilo del rico programa iconográfico del Pla de Nadal, compuesto de simbólicos trifolios, veneras y roleos de vid, de raigambre bizantina, se relaciona con los canceles de la catedral visigoda de Valencia y se inscribe, junto a los ejemplares de Segóbriga (Cuenca), dentro del área de influencia metropolitana de Toledo. No obstante, en lo referente a técnicas constructivas guarda una estrecha relación con el palacio episcopal visigodo de Barcelona. Una de las singularidades del edificio del Pla de Nadal reside en su gran riqueza escultórico-arquitectónica, habiéndose recuperado unas 800 piezas de piedra labrada, de las que 400 corresponden a las fábricas del mismo y otras tantas a elementos ornamentales:  Frisos: tallados a bisel, con decoración de trifolios o pentafolios enlazados, roleos clasicistas de vid y veneras separadas por trifolios.  Capiteles: de factura visigoda e influencia estética bizantina. De forma cúbica o troncopiramidal, presentan los mismos elementos decorativos que los frisos. Alguno de ellos, de mayor tamaño, muestra una original evolución del corintio vitruviano.  Columnillas: elementos arquitectónicos con una doble interpretación funcional: balaustres y elementos ornamentales y compositivos pertenecientes, en su mayor parte, a un orden de vanos originalmente situado en una altura muy superior a la de los muros conservados. Entre estos últimos estaría un salmer de ventana geminada con arquillos de herradura.  Celosías: óculos de iluminación circulares, destacando las cruces y rosetas caladas, lisas o trabajadas a bisel por sus dos caras, que conservan restos de su pigmentación original y los pies de inserción en el muro.  Placas decorativas, discoidales o trapezoidales, de inserción parietal.  Veneras, etc. Entre las piezas singulares destaca un pequeño medallón con anagrama orlado de roleos vegetales similares a los de los frisos y placas decorativas. La parte central está ocupada por un anagrama en forma de cruz en el que pueden identificarse las letras T, E, B en el brazo vertical; D, E, M en el horizontal y nuevamente en el vertical I y R, que podría transcribirse como TEBDEMIR. Nombre similar al epígrafe TEVDINIR, grafiado en el reverso de una venera y que cabría entender como referidos a un mismo personaje, el fundador o propietario de esta magnífica quinta palaciega. Este nombre podría vincular este edificio palatino al personaje histórico Teodomiro de Orihuela, suscriptor del famoso Pacto de sumisión a los árabes de principios del siglo VIII. Respecto al momento final de esta mansión palatina puede presumirse un dilatado proceso de ruina y soterramiento, con un abandono previo de sus instalaciones, seguido de un devastador incendio, documentado arqueológicamente, que podría vincularse con la razia del emir Abd al-Rahman I, acaecida hacia el año 778-779 y que culminó con la destrucción de Valencia y su antigua sede episcopal, con cuyo devenir histórico el Pla de Nadal parece estar unido.

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